Se considera indicador a todo parámetro o valor derivado de otros parámetros, dirigido a proveer información condensada sobre los mismos.

El uso de indicadores medioambientales en las organizaciones tiene los siguientes dos objetivos (i) facilitar la evaluación de la situación ambiental de la empresa y, (ii) proporcionar información sistematizada y de fácil comprensión acerca de los aspectos e impactos medioambientales de la organización.

Modelos de indicadores medioambientales

Aunque existen varios modelos para desarrollar indicadores, los que presentan una mayor proyección de uso son los siguientes:

  • Modelo de presión estado – respuesta (PER). Establecido por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), implica la interacción (presión) existente entre las actividades humanas y el entorno (recursos ambientales y naturales), alterando, en mayor o menor medida, su estado inicial. Una vez identificadas dichas alteraciones, se podrá decidir adoptar medidas que tratarán de corregir las tendencias negativas detectadas. Estas medidas pueden aplicarse, contra los mismos mecanismos de presión, o bien directamente sobre los factores afectados del medio.
  • Modelo fuerzas motrices – presión – estado – impacto – respuesta (FPEIR). Establecido por la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA), se fundamenta en una evolución secuencial en la que el desarrollo social y económico origina presiones en el medio, que pueden dar lugar a una serie de cambios en el estado del medio ambiente. Esto provoca la aparición de impactos sobre la salud, la disponibilidad de recursos, los ecosistemas naturales, etc., generando una serie de respuestas por parte de los agentes implicados. Estas respuestas están destinadas a mejorar la gestión económica y social, a eliminar o reducir esas presiones, y a restaurar y recuperar el estado del medio y las alteraciones derivadas de los impactos. Este modelo incorpora al anterior las tendencias sectoriales sociales y económicas ambientalmente relevantes que son responsables de la situación, así como los efectos adversos de los cambios de estado detectados en la salud y comportamiento humanos, el medio ambiente, la economía y la sociedad.

Clasificación de los indicadores

Se suelen reconocer tres grupos:

  • Indicadores de comportamiento medioambiental (ICM). Este tipo de indicadores se centran en aspectos asociados con las actividades, los productos o los servicios de la organización y pueden cubrir temas tales como las emisiones, el reciclado de productos y de materias primas, los movimientos de transporte de tráfico o el uso de energía. Constituyen un instrumento de comunicación mediante declaraciones o informes sobre el comportamiento medioambiental de conformidad con el Reglamento EMAS.
  • Indicadores de gestión medioambiental (IGM). Permiten medir los esfuerzos de gestión realizados por las organizaciones y dirigidos a facilitar la infraestructura necesaria para una correcta gestión ambiental. Pueden cubrir, por ejemplo, la formación del personal, la frecuencia de las auditorias, las desviaciones y no conformidades, así como las inspecciones realizadas en los centros de proceso. Sirven además para medir la información y para control interno, pero por sí solo no proporcionan información suficiente como para reflejar exactamente el comportamientos medioambientales de la organización.
  • Indicadores de situación medioambiental (ISM). Permite cubrir los impactos medioambientales genéricos asociados a las actividades, productos o servicios de una organización, ya que transmiten información sobre la calidad del medio ambiente en el entorno de la empresa o el estado del medio ambiente local, regional o mundial (por ejemplo, calidad agua, biodiversidad de un río, calidad del aire y concentración de contaminantes en la atmósfera, suelo…). Dado que el estado de los recursos naturales y los problemas medioambientales derivados de los mismo dependen de factores muy variados (por ejemplo, las emisiones de otras empresas), este tipo de datos medioambientales suelen ser gestionados y controlados por las instituciones públicas. No obstante, pueden orientar a las organizaciones a la hora de fijar sus prioridades respecto a la determinación de objetivos, especialmente cuando su actividad impacta muy negativamente en el medio ambiente.