Planeamiento y desarrollo

La contaminación acústica debe tenerse muy en cuenta a la hora de planificar el desarrollo y el crecimiento de los núcleos urbanos, al influir decisivamente en la calidad de vida de sus habitantes. Han sido muchas las medidas e iniciativas que distintas entidades locales han puesto en marcha para intentar luchar contra esta distorsión en la vida cotidiana de las personas. Las medidas tendrán mayor o menor eficacia en función de las características propias de cada pueblo o ciudad: superficie, número de habitantes, de vehículos registrados, flujos de entrada y salida de coches, camiones y autobuses, infraestructuras, economía, inversiones, y sobre todo, la arquitectura y el trazado urbano.

La legislación española

La Ley del Ruido española (Ley 37/2003), refuerza los instrumentos de las administraciones locales para luchar contra el ruido. Establece la necesidad del informe municipal (aunque no sea vinculante), dentro de la autorización ambiental integrada; y la licencia de actividad como el instrumento de control adecuado para verificar el cumplimiento de las actividades que producen ruido, etc. Además, corresponde a los Entes Locales la adopción de medidas preventivas, (planificación territorial, intervención administrativa sobre emisores acústicos, prohibición de concesión de licencia de construcción si los índices de inmisión incumplen los objetivos de calidad acústica, creación de reservas de sonidos de origen natural, y correctoras (fijar acciones prioritarias para el caso de incumplirse los objetivos de calidad acústica, necesidad de contar con un Plan de acción en materia de contaminación acústica, etc.).

Algunos ejemplos

Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Bilbao o Pamplona, entre otras, ya cuentan con su mapa sonoro, un conjunto de datos e información de muy diferente índole relacionados con los niveles de contaminación sonora urbanos, su variabilidad espacial y temporal, las fuentes principales y los efectos que éstas producen sobre los ciudadanos. Medidas tan comunes como la delimitación de zonas diferenciadas según el uso municipal del suelo en función de su sensibilidad acústica permitida, límite de emisiones sonoras según el área acústica donde se encuentre y el nivel máximo de ruido en instalaciones comprendidas dentro del municipio, han sido posibles gracias a esta herramienta. La legislación establece que el día se divide en dos períodos: el diurno constituido por 14 horas continuas de duración y comienza a las 8 horas, y el nocturno, a partir de las 22:00 horas, hasta las 8 horas. Uno y otro delimitarán los niveles sonoros de día y noche. En la víspera de días festivos, el período nocturno se inicia a las 23:00 horas y termina a las 9:00 horas del día siguiente. En días festivos el período nocturno se inicia a las 22:00 horas y acaba a las 8:00 horas del día siguiente, que ya es laboral.

Buenas prácticas en la planificación acústica y urbana.

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