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boletín informativo de Fundación Vida Sostenible
Núm. 113 – 11  de febrero de 2016
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Pan y petróleo

Hace muchos, muchos años, la principal preocupación de la economía no era el precio del petróleo, era el precio del pan. Al menos en España. En las manifestaciones se veían carteles con la leyenda “Abajo el precio del pan”. Ahora la principal preocupación es el precio del petróleo. No hace mucho se publicaban artículos apocalípticos con titulares como este: “¿Petróleo a 500 dólares el barril?”, que era como invocar el fin del mundo. Pues ahora el petróleo está a 45 dólares el barril y bajando, y dentro de poco se publicarán artículos con titulares apocalípticos: “¿Petróleo gratis (o a 2,35 $ el barril, que viene a ser lo mismo)? Es el fin del mundo”.

Fuentes diversas de países en guerra

Ahora mismo España importa 49 millones de toneladas de petróleo, bien lejos de la cifra de casi 72 millones en 2005. Es interesante saber que el año pasado importamos más de un millón de toneladas tanto de Irak como de Libia, dos países en guerra que el Ministerio de Asuntos Exteriores recomienda encarecidamente abandonar cuanto antes a los ciudadanos españoles que se encuentren allí. El Ministerio también desaconseja el viaje a Nigeria (más de 8 millones de toneladas importadas) “salvo por razones de extrema necesidad”. Podemos comprar petróleo allí, pero no podemos viajar allí. En Argelia (de donde proceden 1,2 millones de toneladas de petróleo, y casi todo el gas natural que se consume en España) se aconseja “extrema precaución” a los viajeros.

(Por cierto que también hay guerra en el país que nos provee de uranio para las centrales nucleares: Níger y su vecino Malí).

Despetrolización

45 dólares el barril es una cifra que asusta casi tanto como la de 500 dólares. Los analistas internacionales prevén un futuro lleno de conflictos si se mantiene o sigue bajando el precio. Y es que el precio del petróleo es como el precio del pan hace muchos años: si había buena cosecha de trigo, subía el pan. Si había mala, el pan también subía. Pues aquí pasa lo mismo: si sube el petróleo, malo. Si baja, peor. Es una situación insostenible que dura décadas.

Lo normal es que dentro de unos meses el petróleo vuelva sus confortables 110 dólares / barril y aquí no ha pasado nada. Mucho más preocupante es un cambio permanente de la cultura energética. El petróleo sigue siendo el rey indiscutido, pero un rey cada vez más engorroso. En España todo indica que en muy pocos años, con o sin recuperación económica mediante, tendremos un nivel de consumo de 35 millones de toneladas y una contribución del petróleo a la cesta de energía primaria de un 30%, y en rápido descenso. Todas las empresas se están preparado ya para esta despetrolización acelerada del país.

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He aquí algunos indicios:

Las energías renovables ya no son la mitad del 1%. Recientemente, Dinamarca anunció que el 38 % de la electricidad producida por el país procedió de fuentes eólicas exclusivamente. España anunció oficialmente un 42,8% de electricidad renovable el año pasado. Portugal supera de largo esa cifra. Por cierto, siendo la península Ibérica un emporio mundial de las energías renovables, sigue sin tener existencia real el Centro Ibérico de Energías  Renovables y Eficiencia Energética (CIEREE)

De la petroquímica a la bioquímica. Un ejemplo entre mil es el quitosano, un material de envase a base de cáscaras de crustáceos. Esto puede ser anecdótico, pero los llamados bioplásticos –no procedentes de combustibles fósiles– están adquiriendo cada vez más importancia. Hasta Coca-Cola los utiliza.

“kWh” es un combustible cada vez más familiar. Es verdad que los coches a la venta, como el e-Golf o el Leaf. siguen siendo muy caros, incluso con los 6.000 euros de subvención que pone el Gobierno. Lo importante es que cada vez se habla con más  soltura de  kWh en vez de litros de gasoil o gasolina. El e-Golf, por ejemplo, tiene una capacidad de almacenar energía de algo menos de 25 kWh y puede recorrer 100 km con un consumo medio de 15 kWh a los 100 km. Lo que haría falta es un vehículo eléctrico más sobrado, con 100 kWh de depósito y  un consumo de 10 kWh por cada 100 km recorridos. Con este sí que nos podríamos ir de vacaciones a la playa.

Iniciativas que habrían parecido estrambóticas hace unos años son moneda corriente: apostar en serio, a nivel de gobierno nacional incluso, por la movilidad a pie o en bicicleta… incluso pagando a los ciudadanos que la practiquen. Véanse el Plan noruego para caminar y la iniciativa francesa de pagar por ir en bicicleta al trabajo.

El rechazo social al petróleo hace proliferar iniciativas legislativas para protegerlo. Tras muchos años en que el petróleo no necesitó auxilio alguno de la ley, ahora necesita ya leyes que le permitan desenvolver su actividad sin trabas. Dos ejemplos: el Tribunal Supremo declara que prohibir el fracking en Navarra y otras comunidades en España es ilegal, o la polémica normativa sobre combustibles en la UE, que no distingue si el petróleo original es convencional o no convencional, y por ende mucho más contaminante.

La recarga de los eléctricos está en vías de solución y ya se venden coches capaces de entregar energía además de absorberla. Es verdad que, como dice Eduardo Cano en su blog, este problema es el principal de la salida del cascarón de coche eléctrico.

Algunas empresas de transporte están planteando seriamente la despetrolización de su actividad. Por ejemplo, ALSA, con un programa de consumo biodiésel y de autobuses híbridos capaces de ahorrar un tercio del combustible. En realidad el transporte regular de pasajeros y mercancías por carretera sería el candidato ideal a la electrificación.

Iniciativas y otras cosas

Año Internacional de la Luz

Real Decreto sobre la recarga de vehículos eléctricos

 

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