Manifestación por el clima de 27 de septiembre de 2019. Fotografía: Laura Velasco Puig

¿Qué es un ecociudadano? No hay que confundirlo con un ciudadano ecológico, de los que van en bicicleta y practican el veganismo. Un ecociudadano es un ciudadano sumergido hasta el cuello en un ecosistema que determina su modo de vida. Pero no es solo cuestión de dejarse llevar por la corriente. El ecociudadano puede modificar su estilo de vida y cambiar de esa manera su entorno cercano y, por extensión, su medio ambiente y hasta el planeta en que vive. ¿Qué posibilidades tiene de cambiar a mejor, tanto para él como para el mundo en general? Pues eso depende en buena medida, aparte de sus conocimientos y de su buena voluntad, del sistema socioecológico en el que hace su vida.

Aquí vamos a intentar describir seis sistemas socioecológicos distintos, separados por cinco umbrales o crisis, siempre desde el punto de vista del ecociudadano, de su posibilidad de practicar estilos de vida sostenibles. Para más información sobre los conceptos de sistemas socioecológicos y umbrales, puede consultarse este interesante trabajo (1). La referencia a una huella ecológica de uno, dos, tres o más planetas se refiere a la traducción del impacto ambiental de una persona en términos de la cantidad de planetas Tierra que necesitaríamos si toda la humanidad siguiera su estilo de vida.

 

España solar

Un examen de las fotos tomadas en el famoso reportaje fotográfico de Deleitosa, Cáceres, publicado en Life en 1951, no muestra apenas ningún objeto que no existiera ya en tiempos de los romanos. Al mismo tiempo, en Madrid, los coches eran una presencia habitual en las calles, miles de casas tenían teléfono y el aeropuerto mostraba gran actividad. Pero Madrid y las ciudades grandes eran islas de intensificación en un gran mar alimentado por energía solar (y algunos sacos de carbón). Con un autoabastecimiento de alimentos de un 90% y un consumo muy bajo de energía fósil, la huella ecológica promedio era cercana a un planeta. Y la aspiración general, vivir en una casa con luz eléctrica y retrete, comer un buen filete y, en algún momento lejano, comprarse un coche.

 

La gran transformación (1962-1978)

Usando como indicador el consumo de petróleo, que pasó de 6 a 50 millones de toneladas entre 1960 y 1980, subiendo casi un orden de magnitud, se puede definir una etapa que arranca a comienzos de la década de 1960 y termina a finales de los 70. Por fijar dos años, entre 1962 y 1979. Se trata de un socioecosistema muy autoritario y férreamente centralizado, basado en la multiplicación de insumos y de bienes de consumo. Completamente basado en la cantidad (de carne, leche, automóviles, energía eléctrica, etc.), con ninguna atención a la calidad.

Las externalidades (acumulación de residuos, contaminación) sencillamente se ignoran. Los circuitos tradicionales de economía circular son destruidos, así como son seriamente dañados muchos sistemas de uso comunitario (como el transporte público). La huella ecológica se duplicaría, pasaría de un planeta a dos. La población pasaría a demandar el doble de los recursos que los biosistemas patrios podían proporcionar.

 

Intensificación dirigida y con atención a la eficiencia (1979-1994)

La Transición muestra que la simple multiplicación de insumos y bienes es insostenible. Se alcanzan varios picos completamente inasumibles de concentración de contaminantes (SO2, residuos municipales sin tratar, aguas pútridas) y se pone en marcha una batería de soluciones de urgencia (desulfurización de combustibles, plantas de tratamiento de residuos sólidos urbanos, depuradoras de aguas residuales, etc.). El discurso ambientalista internacional ya ha cobrado carta de naturaleza: la reunión de Estocolmo y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente de 1972, el primer informe ambiental oficial en España publicado en 1977, las primeras organizaciones ecologistas hacia 1975. El ambientalismo se considera moderno y adecuado.

De manera incipiente, se intenta implicar al ciudadano en un tema completamente nuevo, que adquiere gran importancia tras los crash petrolíferos de 1973 y 1979. Se trata del ahorro y la eficiencia de energía. Lo mismo pasa con el agua, a raíz de las terribles sequías de la primera mitad de las décadas de 1980 y 1990. A finales de la década de 1980, se empieza a solicitar la colaboración ciudadana en la separación selectiva de residuos. El modelo de crecimiento a ultranza no se discute, pero ahora se quiere organizar y dirigir con más eficiencia, y utilizar información basada en indicadores. La huella ecológica sigue creciendo, avanzando a los dos planetas y medio.

 

Intensificación centrada en consumidores y usuarios, en la calidad (1995-2006)

Se puede usar como buen resumen de esta etapa el crecimiento del consumo de gas natural, que se multiplicó por cinco entre 1995 y 2006 (el de petróleo solo aumentó en un 25%). El modelo de crecimiento no se discute, y solamente se pide que mejore los estándares de calidad de vida (dotación de climatización, coche propio, consumo de alimentos de calidad). Una lluvia de artículos de consumo de todas clases cae sobre los ciudadanos, con énfasis en los coches, cada vez más grandes, y en la electrónica, cada vez más sofisticada. Significativamente, el consumo de carne y leche toca techo hacia 1995 y comienza su largo descenso.

El énfasis en la calidad favorece el crecimiento de alternativas de energía renovable: la más importante de las de nuevo cuño, la eólica, multiplica por 100 su producción entre 1995 y 2007. La colaboración ciudadana ahora se demanda con profusión. Se hace a los ciudadanos responsables de solucionar los problemas ambientales que crea la intensificación: usando el coche con moderación, separando cuidadosamente los residuos, evitando comprar según que cosas, ahorrando energía, etc. Las ecoetiquetas comienzan su largo camino de implantación cultural. La huella ecológica alcanza los tres planetas.

El discurso colapsista emerge con el cambio de milenio. La acumulación de evidencias sobre el cambio climático, declive de la biodiversidad y la sinergia entre crisis ambiental y pandemias globales o “sindemias”, véase este artículo (2), causan una inquietud social que finalmente alcanzará a los grupos sociales con más capacidad transformadora de futuro (por ejemplo jóvenes, instruidos y de clase media). Entre tanto las instituciones inician un lento proceso de ensayo de alternativas. Este proceso hace que las experiencias singulares de tipo social y tecnológico terminen incorporadas a la corriente principal de la cultura, como se explica aquí (3).

 

Crisis y colapso del sistema (2008-2018)

El consumo eléctrico define bien esta etapa. Todavía en 2006 superó en más de cuatro puntos al del año anterior, más o menos en línea con lo habitual en las décadas anteriores. Fue negativo entre 2008 y 2014, con un récord de -7,3% en 2010. Todos los indicadores de consumo se desplomaron, desde el consumo de gas natural y petróleo al de compra de coches y frigoríficos. La venta de automóviles cayó en un 60% entre 2006 y 2013. La huella ecológica general y de las familias se contrajo marcadamente, en términos de consumo de energía, producción de residuos, kilómetros recorridos, etc. Únicamente el consumo de alimentos se mantuvo, aunque desviado hacia las modalidades más baratas “marcas blancas”.

En paralelo, el país dio un gran paso hacia una energía sostenible: la contribución de las renovables a la cesta eléctrica pasó de menos de 20% a más del 40% entre 2007 y 2014. Este proceso llegó incluso a plantear la implicación directa de los ciudadanos, mediante la posibilidad del autoconsumo por instalación de placas fotovoltaicas en las cubiertas de los edificios. El frenazo en seco de las primas a las renovables y el llamado impuesto al sol detuvieron el prometedor crecimiento de estas energías.

La pobreza energética fue el gran símbolo de esta etapa socioecológica: una consecuencia del modelo de crecimiento ha sido la acentuación del abismo de la pobreza, con la inquina de que los pobres, teniendo una menor huella ecológica, son los que más sufren las consecuencias de la erosión del ambiente. La disminución de los ingresos de las familias hizo que el pago de los recibos de la energía pasarán a ser inasumibles para muchas. En especial, el recibo de la electricidad concentró las quejas por el crecimiento imparable de su coste. La huella ecológica disminuye a menos de tres planetas y probablemente a más de dos.

 

¿Transición ecológica? (2019…)

Una llamada recuperación del consumismo vuelve a elevar con cierta timidez las ventas de coches y electrodomésticos o el consumo de energía eléctrica. Incluso el consumo de petróleo parece mostrar cierta recuperación. No obstante, el clima social y ambiental ha cambiado. Por parte del gobierno central, se han publicado planes para la descarbonización completa de la economía del país y los gobiernos locales están organizando su propia transición ecológica, por ejemplo expulsando al coche del centro de las ciudades. Los estilos de vida sostenible parece que ya no son marginales, sino que pertenecen a la corriente principal , y surgen nuevas concepciones del concepto de lo que es vivir bien.

El debate está entre un business as usual con retoques verdes (por ejemplo, cambiar los coches de motor de combustión por eléctricos) o un cambio más profundo, que podría llegar incluso al decrecimiento (no tener coche privado, ni eléctrico ni de combustión). A esto se le suman muchos cambios de vida que ya no implican la mera colaboración ciudadana, sino cambios más agudos, como el veganismo, la vida simplificada, el rechazo de los plásticos, el bicicletismo, etc. Estos cambios apuntan también a la acción colectiva como vía para afrontar los retos que ni estado ni mercado están siendo capaces de afrontar, como se explica en este artículo (4). La pregunta está en el aire: ¿Estamos ya en plena transición ecológica? ¿Podremos llegar en un plazo asumible a una huella ecológica sostenible de “un planeta”?

Referencias:

(1) Santos-Martín, F., González García-Mon, B., González, J.A., Iniesta-Arandia, I., García-Llorente, M., Montes, C., Ravera, F., López-Santiago, C.A., Carpintero, Ó., Benayas, J., y Martín-López, B. (2019). Identifying past social-ecological thresholds to understand long-term temporal dynamics in Spain. Ecology and Society, 24(2):10. https://doi.org/10.5751/ES-10734-240210

(2) Swinburn, B.A., Kraak, V.I., Allender, S., et al. (2019). The Global Syndemic of Obesity, Undernutrition, and Climate Change: The Lancet Commission report. The Lancet 393, 791–846. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(18)32822-8.

(3) Grin, J., Rotmans, J., Schot, J., Geels, F. W. y Loorbach, D. (2010). Transitions to Sustainable Development. New Directions in the Study of Long Term Transformative Change. Routhledge, New York.

(4) Ostrom, E. (2014). Más allá de los mercados y los Estados: gobernanza policéntrica de sistemas económicos complejos. Revista mexicana de sociología 76(SPE):15–70.

 

Publicado originalmente en el blog «Ciudadano autosuficiente» del diario Público

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