Llegan fechas en que se multiplican los desplazamientos por ciudad y carretera y el uso del coche en general, para ir de compras y para llevar los regalos navideños a la cena de los cuñados. Es un buen momento para señalar algunos puntos de la insensata cultura del coche en nuestro país.

 

Considerar “puro afán recaudatorio” las normas de tráfico

La lucha entre los límites de velocidad marcados por la Dirección General de Tráfico, que salvan vidas y ahorran combustible, y millones de personas al volante que los consideran abusivos y establecidos por simple ánimo de lucro, no tiene fin.

El modus operandi del conductor español consiste en ir a toda velocidad hasta que aparece alguna evidencia de radar o guardia de tráfico. Entonces, se reduce la marcha del vehículo hasta cumplir el límite legal. Pasada la alerta, se vuelve a pisar el acelerador, hasta que se barrunte alguna presencia de la autoridad de tráfico que obligue a aflojar la marcha, y así sucesivamente. Este comportamiento infantil obliga a la DGT a comprar e instalar, con gran gasto de dinero público, infinidad de sofisticados sistemas de medición de la velocidad, que incluyen cámaras automáticas, drones, cinemómetros, etc.

Lo más extraño es que los conductores caen por millones en las redes de detección de infractores de la DGT, que recauda bastante dinero (más de 400 millones de euros al año) gracias a la extraña creencia de que las normas de tráfico solo están ahí por afán recaudatorio.

 

Guerra electrónica: detectar los radares invisibles de la DGT

Los conductores también recurren a la tecnología. Desde hace años, sucesivos sistemas de detección, aviso e incluso inhibición de radares se ponen en el mercado, siendo prohibidos sistemáticamente hasta que aparece un nuevo artilugio más sofisticado que el anterior. Esta especie de guerra electrónica cuenta también con apps que recopilan información sobre la presencia de “radares” detectores de velocidad. El conductor termina guiando su coche con la misma mentalidad que la de un comandante de submarino sorteando bancos de minas y destructores enemigos.

 

Recurrir todas las multas

Cuando le llega una multa a casa, generalmente por exceso de velocidad, el conductor la recurre casi automáticamente, y tiene algunas posibilidades de ganar el recurso. Hay infinidad de aspectos formales en la notificación que las empresas especializadas en recurrir multas pueden usar: plazos de la notificación, falta de identificación inequívoca del infractor, información numérica confusa o interpretable, etc.

 

Recorrer 50 kilómetros para comprar la gasolina dos céntimos más barata

Este clásico de la desatinada cultura del coche consiste en poner en práctica refinados y complejos recursos para encontrar la gasolina un poco más barata. Los medios publican infinidad de trucos y saberes al respecto, además de publicar las listas de precios. Por ejemplo, repostar muy temprano, con la fresca, cuando se supone que el combustible es más denso, o repostar los lunes, cuando las empresas publican sus listas de precios supuestamente a la baja. Así, conseguir la gasolina más barata puede implicar levantarse a las cuatro de la madrugada de un lunes, se discute si ayuda que la luna esté en cuarto creciente o que frotemos el tapón del depósito con una piel de gato negro.

 

Comprar un imponente y agresivo todocamino para ir a la oficina

Cuando se trata de comprar un coche hay pocos límites. La media de gasto en este objeto es de 20.000 euros, y muchos conductores se niegan a creer que estén a la venta coches nuevos por la mitad de ese precio. Así que muchos desembolsan 30.000 o más euros por una máquina cuyas prestaciones podrían conseguir por la tercera parte de esa cantidad.

Cada uno hace lo que quiere con su dinero, pero el problema es que muchos conductores, una vez que se han gastado ese dineral en el coche, lo usan. Es decir, no lo aparcan sobre un pedestal para que los vecinos lo admiren, sino que lo utilizan constantemente, junto con otros cientos de miles de conductores en la misma situación, formando atascos y densas nubes de contaminación. La excusa habitual para usar el coche en toda circunstancia es el ahorro de tiempo, pero parece ser que a mucha gente le gusta la sensación de privacidad y seguridad que tiene dentro de su vehículo. Si encima es un coche-fortaleza, mucho mejor.

Jesús Alonso Millán

Fotografía: Rod Long en Unsplash