Un poco tarde ya, pero ahí van cuatro maneras de disfrutar de nuestro viaje de Semana Santa por el territorio nacional de la manera más segura y sostenible posible. Contaminando menos, gastando poco y disfrutando mucho sin riesgos.

 

1.  Alquila un cochazo

Date el gusto, alquila durante unos días el coche que siempre has deseado tener. Nada de utilitarios, puede ser un deportivo descapotable o un gigantesco todo-terreno. El problema es que estos cochazos cuestan algo más de dinero que los normales. La solución consiste en vender tu coche y en que no vuelvas a comprarte uno. Para el día a día, puedes apañarte con coches compartidos, bicicleta eléctrica, transporte público, etc.

 

2. Viaja con niños en transporte público

Utopía inalcanzable para muchos, viajar con niños y niñas en autobuses y trenes es mucho más fácil de lo que parece. La clave está en limitar la impedimenta. El peso del equipaje que necesita un niño español medio se puede calcular multiplicando el inverso de su edad por 100, el resultado sale en kilos. Por ejemplo, un niño de tres años necesita ⅓*100 = 32 kilos de equipaje. Esto se puede cambiar fácilmente: lleva  solo lo imprescindible. Es decir, algo de dinero y unas cuantas camisetas limpias. Para todo lo demás, improvisa. Descubrirá que puede moverse con mucha más comodidad y sin apenas inconvenientes.

 

3. Revisa y acondiciona a fondo tu vehículo

Es decir, comprueba que llevas en el maletero un chaleco reflectante, los dos triángulos homologados de señalización de avería, la rueda de repuesto, una linterna, un extintor, un botiquín de primeros auxilios, una pala pequeña y un equipo de supervivencia, mide el nivel del líquido de frenos, del aceite lubricante y del fluido refrigerante, comprueba la presión de los neumáticos y que su dibujo es lo suficientemente  profundo, examina el nivel de desgaste de las pastillas y el estado de los discos de los frenos, revisa todas las luces, especialmente las de la matrícula, revisa el depósito de líquido del limpiaparabrisas y que su porcentaje de jabón es el adecuado, calibra el aire acondicionado para una temperatura constante de unos 22 ºC, tironea de los cinturones de seguridad para garantizar que funcionan bien, planifica la ruta, toma notas con la ubicación de todas las gasolineras, puestos de socorro, áreas de descanso, etc., ponte en contacto con la AEMET y coteja los partes meteorológicos de la ruta en los días sucesivos, instala en tu móvil las apps de vigilancia del estado de tráfico y las carreteras, (pero coloca el móvil fuera de tu alcance durante la conducción, así como el tabaco si eres fumador), coloca en un lugar visible las gafas de sol para no tener que buscarlas en la guantera, carga comida (solo alimentos ligeros y de fácil digestión) y bebida, establece turnos de hidratación para toda la familia, planifica los descansos cada dos horas, lleva ropa y calzado cómodo. Para cuando hayas terminado, ya será la tarde del Domingo de Resurreción y te habrás ahorrado un viaje agotador y contaminador.

 

4. Viaja en tren

Si eres amante de las emociones fuertes (no del riesgo, pues el tren es el medio de transporte más seguro que existe) márcate un viaje de vacaciones en tren. Una vez que te alejes del entorno predecible y ordenado de las Cercanías y el AVE, descubrirás un mundo de frecuencia escasas y conexiones probabilísticas: se sabe cuando se sale de una localidad, pero no cuando llegarás a tu destino. Así están las cosas en el ferrocarril de la parte menos poblada de España. Si te lo tomas con filosofía, puede ser muy buena experiencia, además de  poder practicar la meditación en las largas esperas en estaciones semiabandonadas.

Publicado originalmente en el blog El ciudadano autosuficiente, del diario Público

 

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