Es conocido por todos el continuo aumento de gases de efecto invernadero (GEI) debido principalmente al abuso de combustibles fósiles. Es por ello que se quiere responder a ese problema haciendo un uso de los llamados biocombustibles, principalmente usados en el transporte, ya que este sector abarca un 27,7% de las emisiones globales, y se prevé que será el sector que más contribuya al cambio climático, por tanto es importante el desarrollo de alternativas para mitigar las posibles consecuencias fruto del desmesurado uso de la energía fósil.

En la actualidad, los biocombustibles en los que se ha invertido más esfuerzo son el bioetanol a partir de caña de azúcar y del maíz y el biodiésel a partir de aceites vegetales.
A pesar de esto no han cumplido con las expectativas esperadas, ya que entre otros la gran demanda de estos produce tanto deforestación como cambios en el uso del suelo en determinadas zonas del planeta. Como consecuencia el balance neto de carbono puede resultar negativo en muchas ocasiones, provocando el aumento de gases de efecto invernadero, que era lo que se quería evitar en todo momento.

Como dato alarmante Indonesia es uno de los principales países productores de aceite de palma, cuenta con 6 millones de hectáreas de plantaciones destinadas en gran parte a países europeos como cosméticos, alimentación y otros muchos productos. Además se planea expandir con 4 millones de hectáreas más las plantaciones, para dedicarlas a los biocombustibles, esto último puede resultar interesante desde el punto de vista medioambiental, por el uso de un biocombustible que proviene de fuentes renovables. Pero este interés por disminuir las emisiones, resulta una contrariedad, ya que para poder obtener este aceite, se están destruyendo los bosques de Indonesia, y cientos de hectáreas se queman, produciendo gran cantidad de emisiones, es por esto que Indonesia junto con China y Estados Unidos es uno de los principales emisores de gases de efecto invernadero. A todo esto le tenemos que sumar que de aquí a diez años atrás la población de orangutanes de Borneo se ha reducido a la mitad. En definitiva la obtención de biocombustible a partir del aceite de palma, también tendría un balance negativo.

Además de los problemas citados, la producción de estos biocombustibles, compite con los usos alimentarios, lo que supone un gran problema, ya que por ejemplo en EEUU, aproximadamente de cada 10 hectáreas de maíz, solamente 2 son destinadas a la alimentación humana, las restantes son para la alimentación de ganado y la producción de bioetanol. Entre agosto de 2010 y el mismo mes de 2011, EEUU usó más maíz para la producción de bioetanol que para el uso alimentario del ganado, lo que afecta indirectamente a la alimentación humana. Esto es un gran problema ya que el grano, supone una importante base para la nutrición, por tanto hay que plantearse si verdaderamente resulta beneficioso invertir tanto en este tipo de biocarburante.

Es por ello que se está apostando por una producción de biocombustible, no solo renovable, sino que también fije el CO2 como es el caso de las microalgas oleaginosas, consideradas como fuente de biocombustibles de segunda generación.
Mientras que la soja sólo puede producir alrededor de 450 litros de aceite por hectárea, y la palma puede producir 6.000 litros, las algas, por otro lado, pueden producir 90.000 litros por hectárea, lo que hace de estas un biocarburante con alto rendimiento y totalmente apto para su uso como alternativa a los combustibles fósiles. Una principal ventaja es que las algas pueden crecer en cualquier lugar dónde haya bastante sol y algunas pueden crecer en agua salada, y muchas de ellas pueden completar un ciclo de crecimiento en pocos días.
En cuanto a la composición de estos microorganismos, aunque los porcentajes pueden variar, hay tipos de algas que se componen de hasta un 40% de ácidos grasos en general. El cultivo de estos puede producir un 30-50% de aceite. Estas características las hace idóneas para sustituir a combustibles fósiles en el transporte.

El aceite extraído de las algas, mediante un proceso de transesterificación, el cual consiste en combinar un alcohol con el aceite para generar una reacción del que se obtiene un producto que mezclado con el diésel o usado directamente, los podemos usar como combustibles en motores comunes.

Si la biomasa se cultiva de manera sostenida, su combustión no tiene impacto en el balance de CO2 en la atmósfera, ya que el CO2 emitido por la quema de biomasa se compensa con el CO2 fijado por la fotosíntesis.
 A pesar de que los costes de producción son bastante altos, ya que los procesos de extracción y conversión, son tecnologías que no se encuentran muy comercializadas, la producción sería altamente eficiente.

Un ejemplo de la aportación de este innovador biocombustible, son los fabricantes de autopartes Denso, filial de Toyota Motors, el cual probará el próximo otoño un biocombustible con algas para vehículos de turismo, con el fin de obtener un carburante válido para su comercialización. Esta filial está investigando cómo conseguir una producción más eficiente y métodos de cultivo rápidos y baratos, para que esta alternativa sea factible.

Por otro lado las grandes aerolíneas japonesas como Japan Airlines y All Nippon Airways, anunciaron el pasado febrero el desarrollo de una plataforma dedicada al desarrollo de biocombustibles. En cuanto a la situación en nuestro país, fue en 2011 cuando se aprobó un estudio colaborando AlgaEnergy, AENA e Iberia, con el objetivo de cultivar microalgas para la producción de biocarburantes.

Marta Espejo Rayo
Fuentes:
El Periódico, 19 agosto 2015
Energías Renovables, 1 mayo 2011
Diario Motor, 12 octubre 2011
BioTecnología, Vol 13. No 3 2009

Enlace de interés:  Situación de los biocombustibles 

Fotografía: Ben en Pixabay