Fotografía: Greenpeace 

Este año 2018 se verá marcado en nuestro país por la transición energética puesta en marcha por la Unión Europea, hecho que se ve reflejado en documentos como el Paquete de Invierno o los Planes Integrados de Energía y Clima que cada país miembro deberá reportar a la Comisión Europea.

Este cambio de rumbo ha llevado al Gobierno de España a elaborar la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, la cual debe incluir medidas que permitan alcanzar los objetivos europeos de reducción de al menos un 40% las emisiones, llegar a un 27% de cuota de energías renovables y una mejora del 27% de la eficiencia energética para el año 2030.

Para llegar a los objetivos impuestos por la Unión Europea en el Paquete de Invierno, muchas de las centrales térmicas españolas se han visto obligadas a  llevar a cabo transformaciones técnicas para llegar a los niveles de emisiones exigidos por Europa, lo que han conducido a muchas a solicitar su cierre (como la central de Velilla en Palencia). A esto hay que sumar que España cuenta con un sector nuclear envejecido, es decir, el final de la vida útil de las centrales nucleares españolas está cerca y por lo tanto su cierre y desmantelamiento.

Esto plantea un problema ya que nuestro sistema actual depende de este tipo de energías y España no cuenta con una red de renovables lo suficientemente consolidada para cubrir el hueco que se irá creando y a la vez cumplir con los objetivos europeos. Aunque parezca que estamos ante un abismo, este cierre de centrales también supone una oportunidad, ya que nos pone en una situación donde nuestro país puede posicionarse a la cabeza de la Unión Europea en cuanto a aplicación de energías renovables e innovación en el campo de la energía.

A la zaga de la elaboración de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, el pasado 13 de marzo Greenpeace publicó un informe, realizado por el Instituto de Investigación Tecnológica (IIT) de la Universidad de Comillas, donde asegura que si se toman las medidas correctas, para 2025 España podría contar con un sistema de producción energética libre de carbón y energía nuclear sin que el suministro se vea afectado.

Para llegar a estas conclusiones Greenpeace ha utilizado los datos de la peor serie histórica de producción eólica e hidráulica para elaborar un mix eléctrico formado por fuentes renovables que permite cubrir la demanda de nuestro país.

Así sostiene que, aun en la peor situación posible y aunque existen muchas opciones diferentes económicamente y en nivel de emisiones, un abandono del carbón y la nuclear es totalmente factible y que no se ha realizado porque no existe voluntad política.

Esto parece confirmarse con las recientes declaraciones de Álvaro Nadal, ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, donde anuncia la presentación de una proposición de ley para regular el cierre de las centrales eléctricas, ampliando el número de supuestos por los que se podrá negar el cierre de una central. Con este cambio el cierre de una central será más una decisión política que de seguridad como venía siendo hasta ahora.

Según la organización ecologista la diferencia entre un 2025 sin carbón ni nucleares (con un alto porcentaje de renovables y una demanda baja), y un 2025 donde se mantuviera el uso actual de carbón y nucleares (con una demanda alta y un bajo porcentaje de renovables), sería de 186 millones de euros, es decir, un 1,8% del coste total. Esto apenas es una diferencia si tenemos en cuenta las cifras que se mueven en estos ámbitos y que se está hablando de cambiar el sistema eléctrico.
Como ejemplo de esto cita el caso del almacén de gas Castor en el que «sólo la mala gestión de Castor ha costado a los usuarios 1.755 millones, sin contar los intereses».

Con todo esto son muchas las voces que sostienen que este cambio es imposible por la variabilidad de las energías renovables. Según Greenpeace esto se puede suplir si se aumenta la flexibilidad del sistema (tanto en la oferta como en la demanda); se respalda la transición energética con ciclos (abiertos o combinados) de biogás, centrales de biomasa, centrales híbridas termosolar-bioenergía (biomasa o biogás) para satisfacer la demanda en horas puntas y en épocas de mayor demanda y se ponen en marcha programas para disminuir la demanda aumentando el ahorro y la eficiencia.

Es por todo esto que España debe cambiar su mentalidad: no podemos seguir invirtiendo en sistemas de producción de energía claramente moribundos. Presupuestos destinados a mantener la industria del carbón debería destinarse a recuperar y transformar las poblaciones que dependen de él para que tengan un futuro real dentro de la producción de energía renovable. Porque una transición energética no solo nos aporta un medio ambiente mejor, sino que puede suponer un futuro para muchas zonas de “monocultivo industrial” totalmente dependientes del carbón que se encuentran desahuciadas ante la situación actual (la cuenca minera asturiana, zonas de Galicia, Castilla y León, etc.)

Carlota López

 

Resumen del informe «Único sentido: 2025 sin carbón ni energía nuclear»