En la actualidad, en España, la producción de carne de bovino supone un 17,1% del total de productos obtenidos de la ganadería. Este es el segundo valor más alto de todos los registros, solo por debajo de la carne de porcino y habiendo superado por primera vez a la producción de leche de vaca.

Alrededor de 12,3 millones de vacas reproductoras pastan en Europa con la única finalidad de producir carne. Como líder en la cría de este animal y en la producción de la mísma se sitúa Francia, donde pastan alrededor del 32% del total europeo de estos animales. En España pastan el 16% lo que la sitúa en segundo lugar. Esto supone un total de unos dos millones de vacas entre las que encontramos diferentes razas como la limusina, Asturiana, de lidia, gallega, avileña, charolesa o retinta, ordenadas en función de su abundancia.

Esta serie de datos no es más que un reflejo de la buena situación que vive España en la industria cárnica de bovino, donde el año pasado se consiguió una producción autosuficiente del 106,7%. Es decir, en España producimos lo suficiente para cubrir nuestra demanda. Además exportamos grandes cantidades e importamos de países como Argentina o Irlanda.

Sin embargo, existen otros datos que resultan preocupantes en este análisis como que un 53,2% de las vacas que a día de hoy producen carne en España son “mestizas”, es decir, son el resultado de la reproducción de animales de distinta raza con fines únicamente productivos. En otras palabras, las razas autóctonas están amenazadas y con ellas la ganadería extensiva.

Consumimos mucha carne, pero cada vez de peor calidad ya que la ganadería industrial intensiva suplanta a la ecológica extensiva con peores condiciones de vida de los animales, pérdida de espacios valiosos y paisajes que dejan de tener cuidado alguno.

Dos de las variedades más afectadas por estos cruces interraciales son los berrendos, tanto en negro como en colorado (que podemos ver en las imágenes). A estas dos variedades se les atribuye el nombre por el color manchado de su capa y una de sus principales características es que su sistema de explotación es estrictamente extensivo, donde alcanzan niveles más que aceptables de producción.

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Ejemplares hembra y macho de Berrendo en negro y colorado. Actualmente en peligro de extinción.

A lo largo de la historia España ha sufrido altibajos en su producción de carne bovina, pero lo que sí que parece ser una realidad es que la sociedad actual, que dice apreciar las culturas rurales pero que en la práctica las aniquila, terminarán por hacerlo también con la ganadería extensiva y las razas puras, en favor de una industria intensiva de altos valores productivos.

Analizando más detalladamente los datos de consumo, nos encontramos que, sin embargo, España produce al año 680.000 Tm de carne bovina, lo que supondría un total de 12,8 kg por habitante y año. Sin embargo los españoles consumimos de media unos 5 kg por habitante y año, cantidad que viene disminuyendo en los últimos años. Esto quiere decir que más de la mitad de la carne producida en nuestro país debe ser exportada.

En definitiva, producimos carne de una calidad menor a la que podemos producir y además en exceso, para terminar exportando gran parte de ella. En el camino, pierden las dehesas, pierde nuestra alimentación y pierde el medio ambiente.

En esta lucha entre lo sostenible y la economía interviene el interés por obtener una carne de calidad y con denominación de origen. Un ejemplo es la “carne de raza autóctona 100%”, modalidad establecida por el antiguo el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. Con ello pretende dar una especial protección no sólo a  parte del patrimonio genético animal de España, sino también a la ganadería extensiva, con las beneficiosas consecuencias para la sostenibilidad del medio rural que ello conlleva. Además proyectos de este tipo pretenden también dar al consumidor una mayor información sobre el origen de los productos que consumen estableciendo una identificación específica mediante un logotipo para los productos procedentes de animales de razas autóctonas.

Por último, como consumidores de carne de vacuno, debemos mirar por la responsabilidad de nuestros actos y premiar la existencia de este tipo de marcas que aseguran la sostenibilidad dentro y fuera de nuestros hogares, y respondernos a preguntas como, ¿por qué no gastarnos un poco más y recurrir a productos de animales criados en sistemas extensivos con todo lo que ello conlleva? o ¿por qué no consumir productos con denominación de origen teniéndolos en las puertas de nuestras casas en lugar de consumir, por ejemplo, carne tan lejana como la de Argentina?

Daniel de la Morena

 

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